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La geografía afectiva en Raúl Gómez Jattin y Humberto Quino - Palabras Más - Bolivia

Literatura
 Fecha:05/02/2014

La geografía afectiva en Raúl Gómez Jattin y Humberto Quino

Por Ada Zapata Arriarán

Humberto Quino
-Humberto Quino
Humberto Quino
En Raúl Gómez Jattin y Humberto Quino ciertamente hay una unión simbiótica del cuerpo y la palabra. Pero además, ambos autores construyen “un personaje” en la voz poética, una especie de alter-ego que soporta este cuerpo.  Se trata del  poeta que mira, con transgresión lúdica, su entorno, declarando su entrega al oficio suicida, autodestructivo.
Es así que el nombre de Raúl Gómez Jattin y el nombre de Humberto Quino aparecen en los títulos de los poemas o en los versos, explícita o implícitamente, dentro del universo poético de sus obras. Sucede, por ejemplo, en los poemas  Donde Humberto Quino se duele de no tener mar y en La soledad de Gómez JattinPor otra parte en sentido inverso a este narcisismo auto-reflexivo, ambos autores también son invocadores de vacío.
En el caso de Jattin declarando el goce de la homosexualidad, haciendo transitar la subjetividad corpórea por el lugar de un vacío particular, concurrido por varios otros, que son y no son él, o  haciéndola recorrer un vacío alborozadamente habitado por el cuerpo reconocido y deseado del amante. En Rastros en el cuerpo de los otros leemos: “Pero amigo/ Si has olvidado tú aquellos martes/ de alcoholes y de sueños en tu rostro nocturno/ si has olvidado visitante de palabras perdidas/ el olor que contigo amainé y también olvide/ eso no importa para que rastros tuyos vuelvan/ en cada uno que pasa por mi cuerpo y me deja”. 
Igualmente  la voz poética  en Quino homenajea con ironía el vacío: “En tu isla/Viejo poeta/ las palabras pasan por el cuchillo/Así es difícil llegar a la concavidad de las cuartillas/ A esa revelación que es muda tragedia”.
Está claro que para Humberto incluso lo más bajo ofrece oquedades donde aún se puede caer sin tocar fondo. En gesto extático pero al mismo tiempo burlón, lo más bajo es motivo de regodeo y exaltación para una otra autodestrucción,   así  en Celebración de un Infante leemos: “Querubín  luciferino/ Mi gloria era el infierno”. En Fragilidad del Gusano: “La tierra es una caverna/Donde morir es un éxtasis/ Y la vida un calvario de orate”.  En Un Santo de tu Devoción: En este juego de amar y morir/ En la nada”. Por otra parte la subjetividad  que  Jattin  ha construido  está en  un lugar intermedio de la memoria,  no se separa de los recuerdos del pueblo de origen  rodeado de naturaleza. Si el tema de los “recuerdos” o la memoria  motivada por “el olor” es  fuerte en Jattin como el lugar que se habita, la ciudad está  ausente a pesar de que  la voz poética se sitúa en  el lugar del que ha migrado a la ciudad; se trata mas bien del lugar indefinido del deseo.
 
En sentido contrario Quino hace de la ciudad su santuario de repulsa, el decadente lugar donde emanan sus raíces. En Fuga en Gris Mayor: “La ciudad me abandona (…) Esta ciudad que he rechazado tantas veces/ Vuelve a poseerme/ con los fetos hundidos en los basurales/ Con su extraña manía por las orgías”. En el poema A mi Ciudad: “Resbalo por tu tarde/ Ciudad leve/ Y aguas mayores hago/ En tu bienaventuranza”. 
 
Estos lugares de goce y de placer mortífero, están marcados  en ambos autores por figuras femeninas, en varias oportunidades desatadas por imágenes grotescas. Quino anclado en un deseo heterosexual encuentra amarga satisfacción en las mujeres de la calle, “las prostitutas o las secretarias”, las tristes hembras de la ciudad de La Paz. En Rogad por su alma, por ejemplo la voz poética nos dice: “Amo/ Señor/ La casa donde mora el pecado/ las muchachas que huelen a sándalo/ Y los lechos de reposo/ Donde deletreo tu gloria”. En Delirio de un Fauno en la Avenida Buenos Aires a las 12:45 leemos: “Son las 12:45/ y comienza la epilepsia/ de las secretarias/ (…) Y por los vientres azulados/ De los innumerables espantapájaros/Que cohabitan con las ratas/ Y las monedas/ Deambulo/Como un cíclope ebrio”. En Para una Mitología de las cosas Menores: “Acaricio tu cuerpo de luciérnaga apagada (…) Sabemos/Que ya es imposible reconocernos/En aquel gemido/Que nace en las veredas”. 
 
La homosexualidad en Gómez Jattin  tiene la negación de un apetito insatisfecho tratándose del género femenino. Se debe a que contundente, apasionada e intensa,  la subjetividad del yo poético prefiere, señala y compara la virilidad  de un amor entre hombres. Es en el cuerpo masculino y no en el femenino donde deposita el ideal de belleza amorosa. En los poemas de Jattin el grotesco de la mujer se desarrolla desde el recuerdo de “la abuela” represora de deseos, hasta “las lívidas mujeres” en Del Amor (1982-1987) donde también hay una curiosa celebración del sexo femenino. En estos poemas mujeres lúbricas ofrecen satisfacción pasajera pero intrascendente. En Cambio de Identidad,  la voz poética dirá: “Como el rio de barro de mi valle/ que en invierno arrastra animales muertos/Como la dicha pérfida de mi abuela que se regocijaba en ser un monstruo”. En  Ella se Lamenta descubrimos la ironía de: “Me hubiera gustado ser varón/ para poseerte/ para darnos trompadas en señal de ternura/ y fidelidad/ Para ponerme las botas de capataz/ y cabalgarte desnudo (…) Pero yo/ una mujer/ una simple mujer/ ¿Qué puede hacer de memorable en la prosecución de un amor?”.  En el poema Venía del Mercado Excitada y Dispuesta: “Maritza/ Qué nombre tan horrible / Como su cara/ Pero tenía un culo que sacaba la cara por ella”.  En Aurora no es una Mala Mujer: “No era bella/ pero tenía un picor que la cimbraba/ del clítoris  a los ojos”.
 
Siguiendo el curso de los afectos,  ambos escritores incluyen  en su poética  a otros autores a modo de homenaje y habitáculo,  además ponen referencias concretas,  calles o nombres de amigos y conocidos, logrando la geografía personal e íntima de la subjetividad, biografemas en algunos casos.  En Quino, además de las referencias explícitas a la ciudad de La Paz, encontramos, al final de varios poemas, nombres de poetas escritores o simplemente amigos a los que dedica los fragmentos poéticos: el Retrato de poeta III a Adolfo Cárdenas, Rapsodia para Aves Nocturnas para Diego Morales; Un Santo de tu Devoción, para Claudia C.; Delirio de un Fauno en la Avenida Buenos Aires a las 12:45 dedicada a Rubén Vargas,  o Letanía con Medusa a María Bergoña Benito. 
 
Igualmente,  en Respuesta a una Carta encontramos la geografía  afectiva  de Jattin: “Ese poeta admirado y lejano Jaime Jaramillo Escobar/ amigo y hermano de mi soledad como mi propio verso”. En Necesidad inexorable: “En mi geografía y en mi soledad Álvaro Mutis/ ¿No es verdad que es necesario desbocar esas aguas podridas para que oreen la vida y la poesía?”. Octavio Paz y Borges, incluso Stendhal  son objeto de admiración  compartiendo espacio en el poemario con Cereté de Córdoba  en el poema que lleva el nombre del pueblo: “¿Recuerdan a Zuni Sara Thelba Rosalba Manuel María Auxiliadora Narcisa/  Daniel Joaquín Susa Martha?”. De esta forma ambos autores delinean su particular universo poético, no para vaciar la identidad de la subjetividad poética, sino por el contrario para habitarla obsesivamente  de  múltiples vacios y deseos.
 
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